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Lunes, 19 de diciembre de 2005
Epílogo al libro "El Paraíso según Adán: veinticinco años
de caciquismo autonómico" La lectura del libro de Ramón Pérez
Almodóvar y José Manuel Castellano Gil me ha enseñado mucho sobre esa
economía y esa sociedad canaria que, difícilmente, llega a estudiarse
en la Universidad. Por eso tengo que agradecerles que me hayan ayudado a
aclarar y ordenar mis ideas sobre la economía y la sociedad de Canarias
durante los últimos años. Gracias a ellos he entendido mejor que en
Canarias, aunque no sólo aquí, se ha consolidado un tipo de gobierno y
de toma de decisiones que se puede calificar como Caciquismo
Autonómico. Es más, me temo que la ampliación de los Estatutos de
Autonomía (¡Dios nos coja confesados!), auténtica cortina de humo
para no hablar sobre los problemas reales que preocupan a los
ciudadanos, sólo va a reforzar este caciquismo. La razón es que esta
manera autoritaria y caciquil de gobernar, se disfrace de Autonomías,
nación o lo que sea, se ha extendido por todo el país y descansa sobre
unas instituciones, un lenguaje y unas ideas totalmente ficticias.
Esta es la realidad, ya prevista por Joly como forma de gobierno en
1864, cuando señalaba amargamente: "El secreto principal del
gobierno consiste en debilitar el espíritu público, hasta el punto de
desinteresarlo por completo de las ideas y los principios con los que
hoy se hacen las revoluciones. En todos los tiempos, los pueblos al
igual que los hombres se han contentado con las palabras. Casi
invariablemente les basta con las apariencias; no piden nada más. Es
posible entonces crear instituciones ficticias que respondan a un
lenguaje y a ideas igualmente ficticias. (Joly, 1992).
Las supuestas autonomías se han consolidado como caciquismos bajo un
tenue barniz de democracia basada en las elecciones pero sin tener en
cuenta a las personas a la hora de tomar las decisiones. Sin embargo,
"… la escenificación de las elecciones despierta cada vez mayor
indiferencia entre la población que, como máximo, le atribuye el
interés circunstancial de un bingo que puede coincidir con su papeleta
depositada en la urna, en el caso cada vez más hipotético de ser
votante" (Albert Boadella, 2000, 156). En cuanto a la vida
democrática después de las elecciones estaremos de acuerdo en que
"…pasaron los tiempos de la dictadura pero no desapareció la
ominosidad. Los herederos de los antiguos caciques habían aprendido sus
mismos hábitos, sus mismos códigos, su misma lógica. Y aunque ahora
es todo más costoso, porque hay que darle apariencia democrática, los
mimbres con los que se teje el cesto son los mismos y sólo se trata de
ir comprando voluntades, prometiendo premios o amenazando con ejemplares
escarmientos" (Cortina, 1998, 41).
Esto ha permitido 25 años de irresponsabilidad y saqueo de lo
público en beneficio de un entramado político-empresarial que por toda
España se califica de "lo nuestro", es decir, de lo suyo.
Pero ahora resulta que la solución propuesta para, supuestamente,
resolver los problemas generados por este neocaciquismo se encuentra en
ampliar las competencias de los estatutos de autonomía y en conseguir
que "Madrid" asuma la deuda histórica. Parece que quienes han
gobernado autonómicamente durante este tiempo no tienen ninguna
responsabilidad en la creación de esos problemas o en su no solución.
Así pues, en lugar de pedir la devolución de competencias, que es lo
que sería razonable, (¿pero a quien se las devolvemos?) por
incompetentes e irresponsables en la gestión de lo público (pero no de
lo suyo), la solución que defienden es más competencias para seguir
saqueando lo público en beneficio de unos cuantos, de "nuestra
gente", es decir, de los amigos. Se insiste en que el problema
está en Madrid y en que con una bandera, un himno, una
"identidad" y la policía autonómica lo arreglamos todo. Y el
problema es que hay muchas personas que se lo creen. Y mientras tanto se
hacen enormes negocios a costa de "lo nuestro", es decir, de
lo nuestro, del bienestar de la mayoría de los ciudadanos.
Además de Adela Cortina, y junto con Ramón y José Manuel, una de
las pocas personas que se ha atrevido a ver hace tiempo esta situación,
y a hablar de ella con claridad, es Albert Boadella. El diagnóstico que
hace este lúcido "bufón", como él mismo se califica,
entiendo que no se aplica sólo a Cataluña sino a toda la España
Autonómica. Personalmente, cuando le leo, veo a Canarias y a las otras
comunidades en las que muchas personas sienten lo mismo que siente
Boadella. Concretamente, decía él en 2001, "…no me imaginaba
que las emociones experimentadas ante los símbolos culturales de mi
tierra se irían transformando muy pronto en la repugnancia que hoy
siento por la sordidez de este país miserable y endogámico" y
sigue "La Cataluña de finales del siglo XX, dotada de todas las
libertades posibles y beneficiada con las mejores coyunturas
económicas, ha hecho también la mejor demostración de "vuelo
gallináceo" -Josep Pla dixit- de su historia. El sueño de la
tierra "libre, despierta y feliz" se ha convertido en
marujalandia, un territorio al gusto patriótico de los excursionistas
del Inserso. El país ha sido atacado por una epidemia de marujas y
marujos catalanistas de todas las edades que, organizados como un
perfecto orfeón, siguen las partituras transmitidas desde Catalunya
Rádio y TV3, unos órganos oficiales convertidos en la materia de
intoxicación más sutil y perfecta del siglo. Mientras tanto, el
conjunto de cargos catalanes aprovecha la cretinización general para
llevar a cabo suculentas operaciones financieras, amparado en un estado
de corrupción soterrada gracias a la protección que les ofrece el
tabú del nacionalismo, además del silencio cómplice del mundo
mediático y judicial", (Boadella, 2001, 237).
¿Cuál ha sido el resultado de estos veinticinco años de caciquismo
autonómico en Canarias? Lo explican muy bien Ramón Pérez y José
Manuel Castellano: convertirse en una sociedad totalmente descohesionada
de pocos, nuevos y grandes ricos y de muchos pobres y en la que apenas
hay distinción entre empresarios y políticos. Con una distribución de
la renta cada vez más desigual, con 400.000 canarios bajo el umbral de
la pobreza, según Cáritas, mientras que la riqueza monetaria se ha
conseguido a través del engaño sistemático a Madrid (quizás sería
mejor hablar de autoengaño después de las declaraciones del Ministro
de justicia sobre la connivencia entre políticos y empresarios en
Canarias) y a Bruselas conseguido con la complicidad del Gobierno
Autonómico cuyo mensaje fundamental es que hay que persistir en el
victimismo y en que la economía va muy mal para así conseguir más
fondos, ayudas y subvenciones. Por eso, el presidente del Gobierno,
Adán Martín, cuyo partido lleva gobernando casi veinte años,
considera que la pobreza en Canarias es una de las "herencias más
dolorosas" ajena, por supuesto, a sus responsabilidades como
político. Me imagino que tampoco se considera responsable de un sistema
fiscal profundamente injusto y generador de estas desigualdades, cuya
estrella es la RIC, que permite a los empresarios no pagar impuestos ni
dar cuenta de cómo gastan esos impuestos no pagados aunque, en teoría,
tenían que destinarse a inversiones productivas y generadoras de empleo
en Canarias.
Por otro lado, el que se atreve a ver y a hablar tratando de
comprender y expresar su perplejidad, sin hacerse el loco o el bufón,
sabe que va a ser descalificado, insultado e intimidado con la
complicidad y la complacencia de los medios de comunicación que,
lamentablemente, tienen perfectamente asumido que están al servicio de
"lo nuestro", es decir, de lo suyo. Como dice el escritor
Manuel Rivas, con respecto a Galicia, "la elección es
democrática, la realidad intimidatoria".
Sin embargo, hay más semejanzas con Galicia. Ramón y José Manuel
muestran en su libro que la noción de ultraperiferia no tiene tanto que
ver con la distancia o la insularidad sino con la calidad de la
democracia y con el poder, es decir, con el funcionamiento habitual de
las instituciones públicas y de los empresarios. En Galicia, el
periodista Manuel Rivas coincide con ellos al reconocer que "La
condición periférica tiene que ver con la trébede del poder
(político, económico, cultural) pero también es una convención
mental, un prejuicio contra el que es preciso rebelarse" (Rivas,
2005, 42).
Sin embargo, aquí, el gobierno canario insiste en que todo el mundo
acepte y se crea la ultraperiferia como convención mental, tal y como
hace el proyecto de Constitución Europea, para que siempre seamos
ultraperiferia. Dicho de una manera más clara: Los
políticos-empresarios canarios quieren seguir siendo profundamente
ultraperiféricos para seguir recibiendo dinero de Madrid y Bruselas.
Esa es su vocación: Victimista profesional. Ahora bien, por mucho que
se insista en que la economía canaria va mal, los datos económicos (o
mejor economicistas) ofrecidos por el Instituto Nacional de Estadística
muestran con claridad que, a pesar de tanto victimismo y tanta
ultraperiferia, el PIB per cápita canario en 2004 es superior al de
comunidades oficialmente no ultraperiféricas como Andalucía, Asturias,
Castilla La Mancha, Extremadura, Galicia y Murcia (El País, 2/5/2005).
Otra cosa es cómo se distribuye ese PIB y cómo afecta al medio
ambiente. Pero esto no importa ya que, oficialmente, el gobierno canario
está a favor del desarrollo sostenible, en clara sintonía con el uso
de un lenguaje ficticio, como señalaba Joly. Por otro lado, en esta
ultraperiferia contamos con más de 100.000 viviendas vacías (datos del
INE) y algunos empresarios canarios invierten de manera entusiasta en
Cabo Verde, Marruecos y el Caribe. Pero no nos engañemos. La solución
a tanta "Pasión por nuestra tierra y nuestras perras" se
encuentra en continuar con la RIC, en consolidar el estatuto de Región
Ultraperiférica, en la construcción de infraestructuras innecesarias,
en la ampliación de las competencias del estatuto de autonomía y en la
creación de la policía autonómica. Ah sí, y también en instalar el
gas para contaminar menos, para que luego digan que no les preocupa el
medio ambiente.
Y el PSOE contento de ayudar a la gobernabilidad de Canarias. ¡Qué
madurez política! Zapatero ya nos avisó, al comienzo de la
legislatura, de que iba a "Hacer una democracia ejemplar"
puesto que "La gente quiere políticos que les digan la
verdad" (El País, 21 de marzo de 2004) pero no sabíamos que iba a
ir tan rápido. Por su parte, Cristina Narbona, Ministra de Medio
Ambiente, que antes de las elecciones escribió una carta recordando que
el PSOE estaba en contra de la construcción del Macropuerto de
Granadilla, porque había otras alternativas, y que reconoció que
"…no hay mayor amenaza para el medio ambiente que la demagogia,
es decir, el engaño a los ciudadanos, el ocultismo intencionado de
datos y decisiones (…) la manipulación interesada de la situación
real de los recursos naturales y de las alternativas que existen"
(Recursos Mundiales, 2004, Prólogo, pág. VII), ahora acepta que su
partido apoye el macropuerto. Esto es coherencia política en una
democracia caciquil.
¿Qué es entonces lo que está pasando? De nuevo Ramón y José
Manuel aciertan en sus artículos al mostrar con claridad cómo la toma
de decisiones, hasta para publicar un libro que luego se impide
distribuir, se hace de manera autoritaria, sin transparencia y
despilfarrando los fondos públicos. "Quizás el mayor espectáculo
de la política se hallaría hoy en la perfecta visualización de la
corrupción que se extiende por todos los rincones, hasta el más
modesto despacho del gremio, pero ésta es sólo una escenificación que
aparece esporádicamente, cuando los más burdos son cazados por un
adversario que esperaba con tenacidad su oportunidad para ser un
corrupto más listo. De esta forma, la corrupción más espectacular
obviamente no aparece en los medios, enfrentados entre ellos para
proteger también las corruptelas de sus propios grupos
financieros" (Boadella, 2000, 156).
En definitiva, existe un divorcio total entre los partidos políticos
y los ciudadanos que, aunque voten poco, ni siquiera los que votan se
sienten representados por estos partidos. Sin embargo, la apatía ante
las elecciones parece que está empezando a ser sustituída, en
Canarias, por una actitud crítica que refleja la toma de conciencia de
que como ciudadanos tenemos el derecho de ser consultados sobre las
decisiones a tomar porque tenemos cosas que decir, porque podemos
presentar mejores propuestas y porque estamos en condiciones de debatir
para que las decisiones que se toman sean decisiones que vayan,
realmente, en interés de los ciudadanos. También porque nos lo permite
la Constitución. En otras palabras, sabemos que "La forma en que
adoptamos las decisiones y quién las adopta a menudo determina lo que
decidimos". Es decir, que no podemos desligar la situación que
atraviesa Canarias del neocaciquismo instalado.
Como decía hace unos meses Cindy Sheehan, la madre de un soldado
norteamericano muerto en Irak, adonde fue voluntario creyéndose las
mentiras de los políticos "Tenemos que defendernos de estos
políticos". En Canarias cada vez somos más los que pensamos lo
mismo. Estos políticos-empresarios están empeñados en hundirnos a
todos. Y de nosotros depende que lo consigan o no. No se trata sólo de
presentarse, o no, a las elecciones sino de ejercer "el derecho de
mirada" y de "vigilancia cívica" pues estamos
comprendiendo que "…hay demasiados problemas verdaderos para que
se pueda dejar a los políticos el cuidado de inventar los falsos
problemas necesarios para su propia perpetuación" (Bourdieu, 2004,
295).
Pero mi agradecimiento a Ramón y José Manuel no acaba en las ideas
que me sugieren. Cuando en Noviembre de 2004 fui intimidado
públicamente, pero de manera anónima, para que no ejerciera mi
"derecho de mirada" y de comprensión de la realidad canaria
y, menos aún, para que hiciera público ese derecho, Ramón y José
Manuel fueron de los primeros que me dieron su apoyo público, apoyo
que, para mí, tiene un valor especial puesto que ambos han sido
intimidados y castigados por ejercer su trabajo con dignidad. De hecho
Ramón perdió su empleo y no va a ser fácil que encuentre uno en este
contexto de realidad intimidatoria. Así es que, gracias, de nuevo, por
vuestro apoyo y por vuestra dignidad.
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